Mostrando entradas con la etiqueta Tomás Marco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tomás Marco. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de febrero de 2013

AHORA, SÍ, ESTO ES MÍO. POR AHORA ... LUEGO LO DARÉ AL UNIVERSO ...



2013-01-31


PENSAMIENTOS ESCUCHANDO ESTA MÚSICA: ESTO ES REAL.  POR AHORA ES MÍA... LUEGO LA DARÉ AL UNIVERSO ...
Tengo que escribir esto ahora, AHORA, mientras todo esté caliente.  Inglés, español, lo que venga primero a la mente.  Una disculpa … quizás algo más coherente saliere después 
Estoy escuchando el pre-master de este primer disco de Canto de la Monarca y quiero decirles todos que yo tenía razón, no estaba loca, esta música es FENOMENAL, es fenomenal toda junta, FUNCIONA.
Otros intérpretes –muchos, espero— tocarán esta música … ojalá y muchos, porque es tan buena y fructífera, tan gratificante y emocionante.  Pero ahora, ahora en este momento, es mía, porque yo ayudé a inspirarla, yo he sido la partera, la que ayudó a traer esta música al mundo; y en este momento –igual, me imagino, como en cualquier parto — estoy llorando lágrimas de regocijo y agobio y orgullo, todo mezclados.
Tenía razón de iniciar con María Sabina de Cruz de Castro, la pieza es un gesto que nos atrae al misterio y de la exaltación de todas estas mujeres, de toda esta música inspirada en ellas.  Y de su DIGNIDAD.  Al final, María Sabina se marcha con paso firme rumbo a las brumosas montañas de su tierra oaxaqueña –todavía misteriosas en el México del 2013—y hay una parte de mí que cree que ella está todavía viva allá, o su espíritu lo está.  Es lo que me dice mi imaginación.  Mi imaginación que tiene enormemente que ver con mi proceso de preparar la interpretación de todas estas piezas.  Quien dice que uno no debe imaginarse colores, olas, personalidades, rabia, deleite, sensualidad, mil tipos de luz, incontables maneras de volar, cincuenta y siete palabras para la nieve … es de plano loco, o nunca ha amado.
Y se vale seguirlo con el Retrato de Malintzin de Jack Fortner porque nos lleva más adentro del misterio, mas siglos atrás.  Pero ¿quizás también ahora mismo?  Esto es México, en muchos sentidos somos un país no-occidental.  Hubo personas a quienes no les gustó esta pieza de Jack –al menos al principio— pienso que en parte porque recordaron el drama de Vine a Comala, la arrebatadora mini-ópera que compuso para Rumor de Páramo.  En muchos sentidos esta pieza es completamente distinta: lenta, misteriosa, toma su bendito tiempo para revelarse, opera de acuerdo con otro reloj.  Es clave recordar lo que él dice en su nota sobre la obra: es un retrato de Malintzin vista a través de los ojos de Cortés.  Tomo un momento para imaginar esto y me doy cuenta que es casi inimaginable.  Digo, piénsalo: ¿¿qué había pensado ese hombre de esa mujer??  La música atrae, anhela, hace amagos de amenazar y repentinamente se retira a la sombra; se pone ardiente y en un santiamén se vuelve a retirar.
La compleja conexión entre Europa, en particular España, y México –grosso modo, la conexión entre el Viejo Mundo y el Nuevo—será un leitmotif, un tema persistente, en este álbum.  Espérense, verán …
La amenaza implícita –al menos imaginada—en la pieza de Fortner se convierte en violencia real en la obra de Marcela Rodríguez, Todo en fin, el silencio lo ocupaba.  Unos clústeres enormes, hechos por mis antebrazos y mis palmos, de que el más enorme es el final, el que termina la obra, un sonido gigantesco como lo de un órgano que hace vibrar el iPod, el iPad, el aparato del estéreo, tus propios huesos mientras escuchas, vibrar como el órgano de la catedral: instrumento que, hace siglos, los fieles creyeron ser la mera Voz de Dios.  Pero luego los clústeres vuelven delicados, como si respondieran a algún impulso distinto al del poder bruto y la fuerza de la violencia.  Hay momentos de gran lirismo; pero al final son fugaces.  Esta pieza es llena de turbulencia e inquietud, de duda y amenaza.  Ese gran clúster al final, ¿es el triunfo del luminoso espíritu e intelecto de Sor Juana o la amenaza cada vez más presente de la hoguera a que el maléfico Aguiar y  Seijas tanto quisiera mandarla?  No sé; quizás las dos.
También tenía razón de seguir esta obra densísima con la de Alba Potes: Desde el aire: seis instantes.  Todo menos que densa, esta música: texturas tan frágiles que sin embargo procuran ser a veces hasta brutales, pero también enorme lirismo, todo dentro de una voz extraordinariamente económica.  Escucho ahora a estas seis micro-piezas –terminadas, hechas, de alguna manera todo esto ahora es REAL, hecho más permanente por el regio Yamaha C5 y la asombrosa ingeniería de Roberto y Kenji—y es como ver las fotos del Tsunami en Japón o el huracán Sandy en EU hace unos meses.  Los títulos son cosas así como Certidumbre-incertidumbre, Los juegos se desvanecen, Aprisa … El evocativo acorde de la segunda es la anacrusa –de hecho, la primera y la segunda piezas en su conjunto son la gran anacrusa— a la tercera (Los juegos se desvanecen), ay dios mío, el terrible remordimiento después de esa precipitosa caída, como la caída de Lucifer, como la caída de un millón de mariposas, qué hacemos con los inocentes de nuestro mundo.  Y la primera nota del último Instante es como el toque de difuntos.  Todo acabado … y somos nosotros que lo hemos hecho.  Una carga de tristeza casi insoportable en tan pocas notas …
Sigue la asombrosa Nymphalidae de Tomás Marco y sí, es el palate-cleanser, lo que limpia el paladar como esos sorbetes a mediados de una comida de esas legendarias francesas de haute cuisine.  Son tres micro-piezas.  Desde un inicio yo he sospechado que esto es porque mi querido Tomás no pudo escoger una musa en particular; pero sospecho que también es porque algo en el aspecto formal de este tríptico le atrajo.  Hay una suerte de afectuoso buen humor en la primera –que incorpora, dice Marco en su nota, un fondo de canción castellano.  Pero la segunda, La mariposa de Sor Juana, lo dice todo sobre la persistencia, el corazón que a veces duda, la voz acortada o callada; sobre la tenacidad y la fragilidad.  La tercera es el primer micro-rondó que en mi vida he visto, ¡y de veras funciona!  Incluso con referencias al más clásico rondó que puedas imaginar.  Hay quienes desestiman esta música por ser demasiado simple pero ¡vamos! es ingeniosa, es conmovedora, no pretende ser más de lo que es; en fin, a mí me convence.  El propio Marco me dijo de esta pieza, “Como casi siempre sólo trato de alcanzar una compleja simplicidad o una simple complejidad.”  Vale, va.  Helo aquí el hermoso tríptico limpiador de paladar de este álbum y ¡caramba!, lo necesitamos.
Porque lo que sigue es Griffin, la formidable Like water dashed from flowers (como agua arrojada de flores) de Charles B. Griffin.  Es quizás aquí que la conexión entre México y España golpe más duro.  Tan compleja.  El corazón dolido, la rabia del rechazo.  La evocación del agua que corre como una vena vital a través de esta obra.  El altamente hierático prólogo, el agua que nos lleva dentro del sueño –o la realidad—la fuerza del pie sobre la tierra o el tablao, la fuerza de la voz.  En términos formales la pieza dista poco de la estructura del fandango; y  ese momento cuando empieza el zapateado casi te detiene el corazón: lo digo con la debida modestia.  Ahora los pies, el impacto del tacón sobre la madera del improvisado plataforma-escenario, el arrogante gesto, la energía que nos abruma como una inmensa ola, son todos evocados por el piano.  Ahora todo esto es en el piano.  Ya no hay efectos.  Y al final, después de toda la rabia y la locura, regresa el agua.  Estamos en el agua.  Dúctil, móvil, impermanente, de alguna manera neutral.  Donde nos lavamos, donde nuestro corazón está partido y --esperamos— sea remendado.
¿Estoy en lo correcto, terminando este disco con lo que yo pienso como las tres piezas extáticas – primero Uribe, luego Barker y Berg al final?  He sabido durante seis meses que este primer álbum Monarca tiene que terminar con Berg: es la viva encarnación de terrible pérdida, de amor y redención.  Es, de alguna manera, la alquimia de toda creación.  La vida nos parte el corazón; la música y el arte transforman ese viaje al abismo en alas que nos llevan al cielo.
Uribe ES el vuelo: El viaje nocturno de Quetzalpapálotl.  El tronar de las alas, la urgencia de ese impulso irreprimible de tomar vuelo.  La ternura y el regocijo de flotar, planeando sobre los termales del cielo de la medianoche.  Y al final esa  frase imposiblemente larga, la que parece continuar durante una eternidad y que tardé eternidades en saber cómo sostenerla, la que siempre me trae lágrimas de alegría a los ojos.  ¿Y cómo termina, mi queridísimo Horacio?  Con un perfecto coral: a la vez pensativo, grave (como un movimiento Grave de JS Bach); todavía anhelando las alturas, con indicios de deleite, y al final, al mero mero final … ese acorde de séptima que nos hace darnos cuenta de que éste es un contínuum.  Que en realidad no hay un final.
La Malinche de Barker es el último retrato de Malintzin en este álbum.  Difícil imaginarse una evocación más extraordinaria de triunfo y belleza y, al final, soledad.  Los sonajas-cascabeles-ramas vibrantes, las trompetas, el canto, TODO, en un gradual crescendo hasta usar el instrumento entero, todos los registros, todos los volúmenes desde el bajo más piano y más lejano –lo de que pienso, cada vez que toco esta pieza como LAS PROFUNDIDADES DEL TIEMPO—hasta un registro agudo reluciente, transparente, que a su vez se metamorfosea en un bajo estruendoso que se convierte en, ¡SÍ!, el momento enorme y tecnicolor de la pieza, el momento en que los relámpagos abren las montañas e iluminan todo.  Ésta no es alguna humilde mujer sumisa obsequiada para aplacar las posibles rabietas del conquistador: NO.  He aquí increíble fortaleza y iniciativa, he aquí ternura; he aquí también soledad.  Porque al final, con ese unísono Mi-bemol muriéndose hasta al silencio, al niente, ella está sola.  Ay dios mío.
Y sí, El sueño … el vuelo de Berg tiene que cerrar este álbum.  Al principio, uno podría creer que aquí está el bálsamo después de tanta montaña rusa emocional.  Y en cierto sentido, lo es.  Pero hay mucho más. Esta es la pieza, de todas las piezas de este disco, que te rompe el corazón y después te lo reconstruye.  No te lo repone, te lo reconstruye; importante esa distinción.  Ese primer indicio del vuelo, que se pone casi iracundo y luego se esfuma. 
Y luego el primer fugaz aleteo de alas que apenas se atreven a imaginarse que podrían tener la fuerza para volar; y luego ¡SÍ!, exploran el teclado entero, uniéndolo y juntándolo, primero titubeante y con delicadez y luego con absoluta autoridad y certeza … y luego todo desvanece en el aire, desaparecido con la más tenue pista posible de remordimiento, quizás una premonición de pérdida.  Pero luego vuelven las alas, al inicio no sabemos si es cierto pero SÍ, están de vuelta, están aquí, nos llevan una vez más casi al estratosfera y luego … y luego, dios mío, viene ese acorde que más triste no hay, el que me hace llorar cada vez que lo toco, que de veras me parte el corazón; pero entonces, AÚN ENTONCES, esas alas aparecen una vez más para enseñarnos el camino hacia el cielo.  Es por esto que Berg tiene que ser la última pista.
Bueno, pues eso.  Es hasta ahora, ahora por fin, que todo esto es real.  Todo este trabajo, toda esta fe, todo esta búsqueda para las alas que me muestren el camino hacia el cielo.  El sueño … el vuelo.  Por esto ahora tengo lágrimas en los ojos, mis queridos, porque antes de todo cuanto vuelo viene un sueño, y este sueño por fin está volando.

martes, 31 de julio de 2012

OF STEREOTYPES AND ACCESS TO ART


2012-07-14 stereotypes & art _wp cadets concert

Three weeks ago today, with poet Lirio Garduño, I did a concert-conversation with a small group of students from the US.  This was not just any group: they were five cadets –members of an elite language program- from West Point, the elite military academy of the US.  But more of that anon.
Combining poetry and music is something that Lirio and I have done quite a lot together in various forms, since we started to collaborate in the Spring of 2007, designing some concerts in which we alternated music of Rumor de Páramo with readings of texts by Juan Rulfo.
At the time, having performed the World Première of 18 of the Rumor pieces in October of 2006, I was thinking about ways to bring this music to audiences who had less experience listening to new and recent music.  I’d collaborated a lot with poets and writers in previous lives, and knew how poetry and music, well-joined, can make each other even more powerful.  As it turned out, this has been something extraordinarily fruitful: we brought concerts of Rumor y rumores (Murmurs and Murmurings?  hard to translate into English) to various small towns in the State of Guanajuato where surely music like this had never been heard, or Rulfo’s words –in effect, poetry—read with such expressiveness.
Over time, ore stuff happened: in May of 2007 we were invited to do a concert in the National Book Fair in León (GTO) and invited Mexican author and literary commentator Pablo Boullosa to join with us.  Adding the male voice to the piano-Garduño duo made a sort of chamber music. A year later, we were invited to the Raritan River Festival in New Jersey (US); and there we added distinguished US poet David Sten Herrstrom as English reader.  Just as wonderful a voice and the other language added yet another dimension.
As to concert-conversations, I’ve done many.  For me it’s been a marvelous vehicle for a more interactive concert.  Often it’s a good way to offer a less-specialized public a door into the music; but it’s been just as satisfying and interesting with hard-core music-lovers.  The idea is simply that my listeners have space to ask questions; and I have time to respond right in the moment, with the piano nearby to demonstrate or play excerpts.
So what happened?  About a year ago I was invited to a cocktail party here in Guanajuato, for a group of West Point cadets, on a visit to Mexico with their faculty advisor.  The small group were part of an elite program, "AIAD", which stands for "Academic Individual Advanced Development". In the words of the group’s Faculty Advisor (my translation from the Spanish), AIAD is an opportunity for the individual cadet to concentrate in a particular part of her or his program of studies, in this case learning about Hispanic language and culture.
They were here for very little time, about four days.  I applauded, in the first place, that they’d come to Guanajuato: the heart of Mexico and a very different Mexico than places like Cancún and Vallarta, or the Frontier Zone as we call it here, so corrupted by the cheapest of la cultura gringa that it’s barely even Mexico.
From what I understood that evening, their visit had focused almost entirely on the predictable questions, speaking of Mexico and of the scant general knowledge of this country in the US: security, narco, narco security.  Security and more narco in case anyone didn’t get it the first time.  Since I have no shame in these matters, I commented that Mexico’s art and culture, in the right hands, are more powerful than any machine gun.  And I offered –like the former Fulbrighter that I am— to give the next year’s group a doorway into said culture which, moreover, consists of major and beautiful creation happening Right Now.  It’s way more than Olmec heads and Aztec pyramids, I said, as important and imposing as those certainly are.
And a couple of months ago, they took me up on it!  One day in my mailbox was a message from the people who –so admirably!— organized both this year’s visit and the previous one, asking me if I still were interested in doing something like what I’d suggested.  Count on it! I said, How would you feel about a little concert-conversation on Mexican history, through the lens of Monarca music? The response came back, Wonderful! So Lirio and I talked about it and decided the best way to do it would be chronologically; the organizers agreed.  When Lirio and I started to design the program, we were astonished to find that it really worked: the historical breadth of the chosen muses lent itself excellently well to this kind of presentation.
The value-added on top of the music --so to speak-- was Lirio’s poems.  Suddenly, after winning the International Nicolás Guillén Poetry Prize in ‘09, and the local León one in ’10, and I can’t remember exactly what other goodies, she felt inspired –by the muses and by the music—to write some poems.  The first came after a visit to the Museo Soumaya in Mexico City, where she saw a bracelet that had belonged to Carlota of Belgium -- the muse of Alba Potes’ (of Colombia) austere yet passionate From the Air: Six Instants.  Then, if memory serves, the Casa Azul (Blue House) of Kahlo and Rivera, inspiration of Brazilian Silvia Berg’s heartbreakingly beautiful work.
In the end a whole torrent of poems poured forth, most inspired by the Monarca muses. Reading the first few, I felt the urge to translate them into English (as some may know, another interest of mine).  My first attempts met with Lirio’s approval, and I did more.  A few months ago, when I decided to go back to doing house-concerts –now as a way to raise funds on a small scale as well as to mature this repertoire (see a blog soon to be posted)— Lirio did me the huge favour of reading in some of them, she her original Spanish and I my version in English.  And when she couldn’t be there, I read both. 
So the program went like this:
PRE-CONQUISTA:
Poem: Lirio Garduño, El sueño de Quetzalpapálotl
Horacio Uribe            El viaje nocturno de Quetzalpapálotl (2010)
(México, 1970)            (The night voyage of Quetzalpapálotl)
(Quetzalpapálotl  is a sacred butterfly of the Mexica culture, into which metamorphose women who die in childbirth, and warriors who perish on the field of battle)
CONQUISTA:
Poem: Lirio Garduño, Malinche
Paul Barker            La Malinche:
Concert Aria  (2010)
(Gran Bretaña, 1956)
VIRREINATO:
Poem: Sor Juana Inés de la Cruz
Pilar Jurado            Primero sueño  (2010) [Sor Juana Inés de la Cruz]
(España, 1968)
intermedio
FRENCH INTERVENTION: (ca. 1860, 50 years post-Independence)
Muse: Carlota of Belgium, the environment
Poem: Lirio Garduño, El brazalete de Carlota
Alba Potes            Desde el aire: seis instantes (2010)
(Colombia, 1952)            (From the Air: Six Instants)
            1. Pensativo con Premoniciones (Pensive with Premonitions) 
            2. Certidumbre: incertidumbre (Certainty: Uncertainty)  3. Los juegos
            se desvanecen (The games disappear)  4. Detalles distantes (Distant details)
            5. Aprisa (Hurried)  6. Introspectivo
REVOLUTION & FLOWERING OF MODERN MEXICAN CULTURE  (1930s-1940s):
Poem: Lirio Garduño, La casa azul
Muse: Frida Kahlo y su Casa Azul (Blue House)
Silvia Berg            El sueño … el vuelo (2010)
(Brasil, 1958)             (The dream ... the flight)
CLOSING THE CIRCLE:
Muse: La Sandunga
Charles B. Griffin            “ … like water dashed from flowers …” (2010)
(EUA, 1968)            (“… como  agua arrojada de flores …”)

 It was very cool, how this historical perspective required me to re-examine my ideas about the music itself and on the design of the program.  For example, I’d never thought of beginning with Uribe.  No reason, except that it’s a very intense and exalting piece.  But starting with Uribe WORKS!  Its warmth and beauty just energize the audience, they’re hooked going in.
As I said, it was also astonishing that it was possible to construct this micro-summary of Mexican history through the Monarca muses … chosen, permit me to say, by the composers themselves.  (I assigned nothing to anyone, in spite of advice from wiser heads who counselled me to be a bit more authoritative, or at least specific.  I’ll write about this soon).  I put Closing the Circle as the heading for the last piece, Charlie Griffin’s, because at the start of the piece I declaim a text which is translated into modern Spanish from 16th-century Nahuatl.  Yet another blog, because believe me, it’s quite a story. 

OK, the concert-conversation.  I began by asking, What do we think about when we think about a country – any country, in this case Mexico?  Of course: geography, history, economy, sociology.  The country’s art is always a subheading, assuming it’s mentioned at all.  And yet, speaking of any country at all, you can sum up all of the above-mentioned topics through its art . . . because art is the mirror of everything that happens in any society.  Yet another subject for yet another blog-post.  I know.  Patience.
There was a tad of last-minute panic on account of if we should talk Spanish-English, or just in Spanish.  I was getting a bit wound into a twist about this; and Lirio said, with that sensible simplicity which is one of the things I most appreciate in her, “Why don’t we ask the cadets what they’d prefer?” Ah HA, I said, and that’s how it was. 
At the absolute gospel last minute, they called to tell me that there was a couple who wanted to come whose Spanish, truth be told, is not terribly strong.  I decided, Well, let them abide by the cadets’ decision.  And we are in Mexico, after all, jiminy.  And that’s how it was.  Lirio asked the cadets if they wanted our presentation in Spanish or bilingual and without missing a beat they all said, In Spanish.  ¡¡BRAVI!!  Their concentration was palpable and WOW, did they get it: I could tell from the questions afterwards.
So Lirio gave a mini historical context for each period and it was then that I spoke briefly about the piece when I considered it necessary, something to give them a way into the music.  Then the poem and its translation.  I really did not want to interrupt that magical moment between poetry and music with prose  about the music.

EVERY concert is special, but this one was particularly so.  What I love so much about very small venues –which my piano room is— is how tangible, at times audible, the audience response is.  At the end, we invited their questions and comments and absolutely everyone had something to say. 
There were other people there too –some Mexican friends of the organizers, and some Quebecqois guests of mine whom I’d invited—and all of their commentaries and questions were also really good and thought-provoking.  At the end of the question part I asked that everyone take a minute to think about how we are all the Americas, that it’s not just the United States but also Canada, Mexico, our whole hemisphere.
OK, so those thoughts of mine … At the end, after all was said and done, they gave us gifts: a commemorative medal for Lirio, and for me a T-shirt with the logo of their language program, of which the image of the Lamp of Knowledge forms a part.  For some reason, when the faculty advisor explained about the Lamp of Knowledge I almost started crying.  It seems to me so precious, that Lamp of Knowledge and of Learning.  For everyone, for all of us.



Spontaneously, various of the cadets said something expressing their thanks.  Very beautiful and from the heart: these were not formal, rehearsed words.  But there was more: later, various came up to me to say something, it seemed, more intimate and closer to the heart.  The first was the most military-looking of the five: handsome, erect, surely in enviable physical condition.  He said (now in English), hesitating a bit, “I just want to thank you because … well, in my whole life I have never been this close to a piano.  Or to someone who plays it like you do … it was incredible.  Long pause, and then, We lead a pretty linear life, you know?  And what you gave us tonight, well, it was something completely different, it made me aware of other parts of myself …”
A bit later, in the little drinks-and-nibbles session that followed, another cadet comes up to me, this time the only woman of the group and of Mexican heritage.  She says, also hesitating a little as we may do when speaking in an unaccustomed vocabulary, “I want to thank you because well, you made me aware of a part of my heritage … maybe you know that my parents are Mexican, and it was only recently that I came to Mexico to find out about my roots … well, I really didn’t know about some of these women and … that piece about the Casa Azul of Frida Kahlo …Oh jeez, I’m getting emotional …” and I could see her eyes welling up.  My own eyes moist, I touched her shoulder and said something like, “It’s OK, that’s the idea!”  Knowing how we get in these moments and what is often the remedy, I assign her a task: I give her my notebook and ask her to write her name and email, and then circulate it to the rest of the group for their coordinates.  “Yes, ma’am”, she says.
I confess that I didn’t know what to expect of this group.  My own stereotype of the elite cadet of West Point is that they take them and work hard to beat out of them every trace of empathy, sensibility, and right-brain activity, i.e. weakness.  As with all stereotypes, it had something of the truth in it, as well as exaggeration to the point of falseness.
From a certain perspective –like a devil’s advocate—one could say, “Jeez, these are the very crème de la crème of the most elite military academy of the US, how on earth could you argue that people like that need art – or that they even deserve it?”  I suppose this is some variant on the theme of blaming –and punishing, at times very cruelly, as in spitting on them— the soldiers who fought in Viet Nam for that horrible conflict, instead of their commanders and the “strategists” who designed the whole debacle.
I thought about it quite a lot, in fact, and concluded that it would have been simply unpardonable to not share this splendid music, and the wonderful poetry it partly inspired, with these young people.  In the same way that, a couple of days later, listening to Brahms’ 2nd Piano Concerto with Arrau, Haitink, and the Concertgebouw, I decided that not one single child in this world should grow up without hearing this music.
I’ve said for a long time that we are sowers of seeds.  And as such, we cannot know when and how those seeds may germinate.  Maybe in that very moment, maybe in six months or in six years or in twenty-six … and in reality it doesn’t matter when.  It is not given to us to know.  What’s important is that you’ve tapped into a vein: some empathetic faculty has been activated which in some moment may come alive, may even go into action.
I mean, if I am going to advocate for access to art –something which I feel is now absolutely urgent— then it must be universal access.  If one of these cadets, in some moment in six months, or six years or twenty-six, may make a decision or a choice which is more human, more empathetic, who will know if it wasn’t because of some seed that was sown that night of music and history in this house? 
It’s not given to us to know, I repeat; and even less is it given to us to deny access to art because of some stereotype which we happen to have stupidly installed in our brains.  The person who made the choice to take and then circulate those photos of Abu Ghraib, or the Nazis who let themselves be carried away by the ideological current but then thought better of it and tried to do something which might make a difference … or countless numbers of humans through the ages whose conscience in some moment came alive … might that not have happened because of one of those seeds?  Human ethics and conscience move on their own mysterious and hidden ways which we can’t always make out in the moment.  And ART is one of the primary activators of conscience, because it activates our empathetic faculty.  And that is also, you see, why Art Is Dangerous. 
You see?  We can’t be arrogant that way.  Universal access to art, down with stereotypes.  That’s what I say.

domingo, 17 de junio de 2012

ESO DEL FRACASO Y LA GENEROSIDAD AHORA EN ESPAÑOL




2012-06-09_sobre el fracaso y la generosidad

Va una foto chida del Famoso Alebrije …


La foto es de Carlo Olmos Carrillo.
El alebrije –búscalo en Google si no sabes qué es- es de Elsa Cruz Mejía.

Para más información sobre Canto de la Monarca: Mujeres en México favor de visitar www.cantodelamonarca.com

Llevo luengo rato queriendo escribir sobre esto aquí.  De alguna manera es hasta ahora que estoy lista (y luego tardé unos días más con la traducción al castellano …).  Lo que hizo carburar este momento fue volver a leer un extraordinario blog por Polly Carl, en el sitio Howlround (http://www.howlround.com/notes-on-generosity-in-the-theater-by-polly-carl/).  Lo había leído hace más de un año, cuando Tom Cott publicó la liga en su maravilloso servicio de recortes You’ve Cott Mail, y me conmovió y me inspiró enormemente en ese momento.  Hoy, algo me puso en mente de ese pequeño ensayo y fui en pos de ello.  Lo volví a leer y lo entendí de manera completamente distinta y mucho más personal.  Helo aquí el porqué:

Canto de la Monarca: Mujeres en México, mi segundo proyecto de encargos y grabación, fue más ambicioso que el anterior, Rumor de Páramo, homenaje musical a Juan Rulfo en que convoqué –en el transcurso de sus dos CDs- 23 compositores de cinco países y tres generaciones.  Para Monarca, desde el inicio planeé un disco doble, para evitar el fenómeno del segundo e inesperado hijo que sucedió con Rumor.   Esta vez, 17 compositores: de México, Brasil, Colombia, España, EUA y Gran Bretaña.  Presupuesté un pequeño sueldo para mí (10,000 pesos al mes); además de un sueldo para una productora, y más importante que nada un honorario de a de veras para los compositores: 25 mil pesos para cada uno de los 17 compositores, poco menos que la mitad del presupuesto total.  Pensando en el éxito que tuve con recaudación de fondos para Rumor, en mi cabeza lo tenía resuelto que podría juntar esos casi 75 mil dólares EU –de que los honorarios de composición representaron 34 mil dlls- entre los seis gobiernos, fundaciones y particulares.

Estuve terriblemente equivocada.  Comencé la recaudación de fondos justo cuando pegó con toda su fuerza la peor crisis financiera a nivel global desde la Gran Depresión.  Ningún gobierno estaba interesado en apoyar a un proyecto así, por hermoso que fuese, cuya titular no fuera de ese país. No importaba que yo había comisionado música de eminentes compositores de Brasil, Colombia, España y Gran Bretaña; además de mis propios países de México y Estados Unidos.  Simplemente no había dinero.  No había dinero de ningún gobierno; ni siquiera de mi propio estado de Guanajuato.  Tampoco fundaciones en EU que se veían como fuentes de apoyo casi seguras.  Particulares acongojados por la pérdida de sus acciones en la bolsa, por no mencionar el pánico universal.  En cuanto a los más acomodados, toda cuanta causa que apoyaran -sobre todo las de cultura- les estaba pidiendo más dinero a gritos para contener la hemorragia.

Sin dejarme amedrentar, al inicio del 2011 decidí probar mi suerte con el llamado crowd-funding.   Fue a la sazón un concepto poco conocido en México.  La idea es que subes tu proyecto a un sitio en Internet, con todo y video y texto promocional, pones una meta y una fecha límite y luego te pones a promoverlo lo más extensamente posible a través de correo-e y en redes sociales.  Lo intenté primero en una plataforma de nombre Kickstarter, que pese a no ser la primera plataforma de este tipo, parece ser la Más Famosa.  Hice –creí- todo lo que debes hacer: mensajes personales a personas en mi propia comunidad (las pocas que respondieron fueron todos mexicanos, ni un solo extranjero); mensajes personales a mi base de fans; tuiteando y feisbukeando como loca; todo el número.

Kickstarter tiene una filosofía todo o nada.  Resumidos cuentos, esto significaba que de los casi $3500 dólares que recaudamos, no vimos ni un quinto, porque no alcanzamos nuestra meta de cinco mil dólares, creo que fue.  Poniendo el dedo en la llaga fueron las personas que –pese a que yo lo explicara en cada bendito correo y boletín- no lograron captar que si no alcanzáramos nuestra meta no se cobraría su tarjeta de crédito; y cuando montamos DOS nuevas campañas en IndieGoGo, nunca volvieron a apoyar.   Qué reverendo lío.

Las personas que apoyaron a Monarca fueron, y siguen siendo, las personas que siempre han apoyado a mis proyectos: un grupo relativamente pequeño que en su mayoría son amigos y fans que ya conocen mi trabajo.  El círculo se amplió de manera emocionante con unos maravillosos mecenas aquí en México; pero sólo unos pocos.  Mantuve aflote a la barca Monarca desde mis propios ahorros, que para la primavera del 2011 casi se habían agotado.

Durante todo este tiempo, la segunda mitad del 2009 y todo el 2010, la música fue maravillosa.  Mi tiempo al piano fue extraordinariamente rico, con las diez piezas cuyo estreno absoluto interpretaría en el 38 Festival Internacional Cervantino en octubre del 2010: de España Tomás Marco, Carlos Cruz de Castro, y Pilar Jurado (estuve en rigor mortis con esta última, citando las palabras de la propia creadora, debido al estreno de su ópera en Madrid poco después, ¡pero sí llegó con tiempo!); de EU Jack Fortner y Charles Griffin; de Brasil Silvia Berg (igual como con su obra para Solo Rumores, fue uno de los primeros en entregar y es una obra increíble); Marcela Rodríguez y Horacio Uribe de México;  Paul Barker del Reino Unido; y la austera y elocuente pieza de Alba Potes de Colombia.

Iba a haber una Mesa de Amigos, que se encargaría de la mayor parte de la recaudación de fondos.  No resultó.  No digo que fue un fracaso, pero para un primer intento fue bastante mediocre: principalmente, supongo, porque yo no tenía ni bendita idea de cómo hacerlo.  Con que mi productora estuvo trabajando como loca para recaudar fondos.  Como productora es de perlas; pero el fundraising no formó parte de su perfil, ni de lejos.  Mientras tanto, porque estaba trabajando tan duro en la búsqueda de apoyos, no tenía tiempo para arreglar conciertos; de manera que yo no tuve ingresos.  ¡¡QUÉ BODRIO!!

Monarca se había convertido en un lastre verdaderamente de Sísifo.  En la primavera del 2011, me di cuenta de que estuve deprimida.  O sea, con “D” mayúscula.  Cada que pensé en la parte no-musical de Monarca tuve ganas de llorar, y a veces lo hice.  Empecé a despertar en la madrugada con una pesadilla recurrente en que unas personas desconocidas me tenía aprisionada y torturada en un páramo en que nadie me quiso rescatar.

Me sentí encolerizada, profunda y personal y reactivamente encolerizada, con personas que yo sabía fácilmente hubieran podido apoyar a Monarca con EU$500, y que donaron sólo $25, o quienes ni siquiera contestaron mis mails.  Poniéndolo en relieve fueron donativos de montos como EU$100 desde México donde –por ejemplo—mi sobrina que se tituló en Derecho se considera muy afortunada por percibir apenas seis mil pesos al mes (US$500 aprox).  Comencé a sentirme amargada, como Ya veo, con que a la hora de la hora esto es cómo me estiman.

Y todo esto me afectaba al piano.  También como persona, que me supongo es lo mismo.  Había empezado a ver cada persona que conocí en términos de cuánta lana podría representar para Monarca.  Yo no soy ni depresiva ni dada a pesadillas, y mucho menos a sopesar a la gente en términos de su valor neto financiero.  Nada de esto es Cervantes, al menos la Cervantes que yo quisiera ser.

Al mismo tiempo que todo este lío dentro de mí,  la Sinfónica de Filadelfia –¡la primera orquesta de los EEUU a tocar en China!—se encontró en el proceso de bancarrota.  Mientras la Crisis extendió su mancha aterradora por todo el orbe, organizaciones de artes, bibliotecas públicas y semejantes entes por doquier en los EEUU, además de en otros países,  se apuraron frenéticamente a justificar su presencia en el planeta, en los términos dictados por el Mundo de Negocios y Finanzas.  Un mundo que dice, en efecto, que no sólo es perfectamente bien, es de hecho recomendable evaluar cada persona que conozcas en términos de su valor neto financiero, en lo que se refiere a tu proyecto.  Un mundo que dice, mejor aún, que el más vil embuste es perfectamente bien, siempre y cuando lucraras millones y no te pillaran.

Perdón, pero cada molécula de mi alma rechaza esta manera de pensar del arte, de hecho lo hallo una manera detestable de pensar del mundo.

Ahora bien, organizaciones de arte en EU llevan años haciendo semejante contorsionismo, fingiendo ser algo que no son ni pretendieron ser.  No me refiero a la parte de viles embustes, sino a la parte que dice que tu arte tiene poco o nulo valor si no cabe en un modelo en que –por ejemplo— las únicas cosas que valen son las que se pueden medir, y al corto plazo. 

Gran parte de lo que hace el arte es simplemente imposible de medir, al menos con las herramientas de que disponemos.  Sí se puede medir si un niño está físicamente desnutrido,  y de allí argumentar contundentemente que por eso aprende menos bien de lo que debe.  Pero ¿cómo medir la malnutrición del alma?  No obstante, sabemos que existe: altas tasa de embarazo en muchachas de entre 14 y 16 años y violencia de pandillas son dos pruebas incontrovertibles.  Yo iría más allá, para argumentar que esos viles embustes y engaños del mundo de la banca –además de la falta de buena legislación para controlarlos—son otro síntoma de desnutrición espiritual. 

Este modelo de negocios, aún si fuese bueno para el Mundo Empresarial en General (lo cual dudo) es completamente fuera de sincronía con los artes.  Es un terrible error para la comunidad artística –que en efecto es toda la sociedad, quiero ponerlo muy en claro—dejarse engañar por este modelo,  intentando diseñarse con estos lineamientos y así confiriéndole cierta legitimidad.  Es el arte, de hecho, que tiene la única posibilidad de educar a la gente en esas otras áreas, de ayudarlos a crecer sus almas, para enriquecerse de otras maneras que nunca se han formado para imaginar.

Llevo tiempo sintiendo que buena parte de la gente en EU está brutal y fundamentalmente amputada del arte.  Se argumenta que ellos mismos escogieron vivir así, y ¿qué más da?  No lo creo.  Si lo escogieran, es porque tanta gente allá está sujeta 28 horas al día a unos pseudo-valores tan retorcidos que muchos escogen cosas que les hacen mal: algo así como esas horribles enfermedades del sistema auto-inmunológico en que el cuerpo se ataca a sí mismo.  Ver la taravisión más de tres horas diarias, por ejemplo, es consabida causa de depresión.  Puedes estar seguro que eso no pasaría si estuvieran escuchando a Puccini o a los Rolling (por ejemplo) tres horas diarias.

Cómo Kickstarter está conformado me parece evidencia de esa amputación del arte.  Es cierto: la gente está hambrienta para el arte, sedienta de sentir pertenencia con ello.  Al mismo tiempo,  está tan atontada por esa misma desconexión del arte, que la única manera en que puede imaginar pertenecer es mediante este rarísimo formato tipo reality-show que, francamente, nos remonta a la arena de los gladiadores de la Antigua Roma.

De haber recaudado una cantidad significativa de lana en Kickstarter,  ¿me sentiría así?  Buena pregunta.  Quizás no … pero estoy 99% segura que aún así sentiría que hubo algo que olía a gato encerrado.  

Vale, de vuelta a Monarca.  Comprendí intelectualmente que La Crisis fue el problema y no yo; pero a nivel visceral me sentí terriblemente responsable.  Me sentí como un fracaso.  Había diseñado este proyecto ofreciendo a los compositores un honorario decente para su creación, y ahora no pude cumplir.

Gracias a mi trabajo al piano, todavía estuve capaz de raciocinar.  Me di cuenta que la mitad del presupuesto fue los honorarios de composición.  Cuando me pregunté acerca de mis prioridades, la respuesta fue, ¡difunde esta música!  Bien, debía abandonar los honorarios de los compositores, y concentrar mis esfuerzos en juntar los fondos para grabar primero un disco y después el otro; después, cuando pudiera Juntar Más Fondos.  Y mientras tanto, arreglar conciertos, muchos conciertos. 

La gota que colmó el vaso fue toparme con L***, una mujer aquí que tiene mucho cariño a mi trabajo y que ha sido una fuente constante de sabiduría y humor, cada que la veo.  Ella subiendo y yo bajando; y cuando me preguntó cómo estuve, rompí en lágrimas.  Angustiada, le confesé que la única salida que pude ver fue no pagar sus honorarios a los compositores.  ¡Pues hazlo! me dice, te conocen, te quieren y te respetan.  Yo apuesto que no sólo no te van a odiar, te van a agradecer por tu tenacidad y perseverancia para grabar sus piezas.  Verás.

Tan sólo la idea de presentar esta idea a los 17 compositores fue muy angustiante; pero no veía otra manera. Pensé que ellos preferirían una Cervantes feliz y en buena salud, tocando su espléndidas piezas por todo el mundo, a una Cervantes en estado lastimoso con nada que mostrar por todo este sufrimiento.

Consulté, por ende, con A***, también sabia, rigurosa y compasiva.  Dijo algo sumamente importante: No fue el momento.  Más de seis meses después entendería cuán sabias fueron sus palabras.

Escribí a los compositores, un mensaje lo más conciso posible, en español e inglés, todavía sintiéndome un fracaso a la hora de recitar estos terribles datos.  Que Monarca no pudo pagar los honorarios de las piezas, que a mi ver la prioridad fue difusión: juntar los fondos para grabar el primer disco; y después el segundo.  Y mientras tanto tocar muchos, muchos conciertos.  Dije que si alguien quisiera que yo no tocara su pieza, yo estaría muy triste, pero comprendería.

Casi todos los compositores –excepto los que nunca responden a no ser que dices en “asunto” tu casa está en llamas-  respondieron con frases como, Ojalá hubiera muchos intérpretes como tú y De ser yo Ministro de Cultura tendrías un estipendio de por vida o No te preocupes, ya tengo otra beca, estoy cubierta.  La peor respuesta –y ni tan mala- fue algo así como Mala noticia pero no sorprendente.

Lágrimas de gratitud.

Bueno, mi pregunta perenne -- ¿qué aprendí?  Va, fue bastante:

Conócete a ti mismo (Know thyself): Tuve que reconocer –por enésima vez- que simplemente no soy una intérprete a escala grande.  Mi mejor desempeño es en foros más íntimos, donde realmente puedo hablar con mi público.  Así, por extensión, probablemente no soy una Chica Crowdfunding.  Yo lo sabía.  Caí en la trampa en que –en ese mismísimo momento- estuvieron cayendo muchos colegas y organizaciones de arte.  ERGO:

A vuestro propio ser sed fiel (To thine own self be true):   y así, hablar desde la verdad al poder: como dicen los bautistas estadounidenses, speak truth to power.  Una frase casi imposible traducir al español; pero eso es más o menos lo que significa.  Nunca pensé que volvería a decir esto después del 1990: juro nunca jamás fingir. 

¿Parece poco?  Pues no.  Es la mera médula de todo.

A eso de un mes después de la carta a los compositores, regresé una tarde de la caminata vespertina con Estrella la perra rubia, y de repente entró en mi cabeza, ¿PORQUÉ te sentiste como un fracaso?  Bien –respondí- porque no pude recaudar fondos. Jmmm, dijo la vocecita, ¿Cómo puedes fracasar en algo que ni siquiera haces?  Y me di cuenta: Yo toco el piano.  No soy una fundraiser profesional.  No soy un fracaso.  Fue un momento Epifanía.

¿Qué fue, entonces, de ese blog de Polly Carl que hizo salir toda esta historia?  Fue su Observación #6, en que dice, “Ya déjalo al mito de tener el derecho a algo.  Nadie te debe nada en este negocio o en esta vida.  La ruta más segura a sentirte víctima es sentir que alguien te debe algo y sentirte así es estar con una déficit.  Las déficit te dejan con nada que dar.”
El inglés original es: Get over the myth of entitlement. No one owes you anything in this business or in life. The surest way to feeling victimized is to feel owed and to feel owed is to be at a deficit. Deficits leave you with nothing to give.”   La palabra entitlement  no tiene equivalente en español.  En efecto, es eso: sentirte derechohabiente a algo. 
Y bueno, así es como yo estuve.  Sintiéndome victimizada.  Con una déficit.  No lo pude ver hace un año, por la pesadilla (de hecho fue precisamente lo que me trataba de decir la pesadilla); pero así es: esa angosta visión del mundo te deja con una déficit permanente.
Es una de las razones que necesitamos el arte.  Digo, ¡los artistas lo necesitamos también!  Cuando nos separamos de lo que verdaderamente hacemos, para distorsionarnos en algo que no somos –que además es algo bastante cuestionable, a mi ver— entramos en un estado de desnutrición.  Así que tenemos que aplicar esa generosidad a nosotros mismos también.
El momento.  El momento llegó unos ocho meses después, cuando emprendí la enorme labor de una solicitud de beca al FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) aquí en México.  Mi proyecto es de terminar el segundo disco de Monarca y pasar tres años simplemente tocando el piano, compartiendo esta espléndida música que encargué para Rumor y Monarca con públicos por todo el mundo: en conciertos consagrados a esta música o en programas mixtos en que la pongo a dialogar con piezas del repertorio “clásico”.  Clases, conferencias, conciertos-charla, todo lo que hago.  Ya es hora de dejar al lado este aplastante lastre administrativo y hacer lo que nací para hacer: interpretar.
Armar la solicitud de beca exigió juntar toda mi vida profesional, en efecto, desde ese primer recital solo cuando tenía 14 años.  Todo cuanto recorte, toda cuanta reseña, todo cuanto programa de mano.  Me galvanizó a arreglar conciertos, y de todos los presentadores la respuesta ha sido cariñosa y entusiasta.  Mi calendario de tres años se está llenando.  Ahora es el momento.  El momento es ahora.
Aquellos de ustedes que vienen del mundo de Negocios seguramente me preguntarán, Sí, pero ¿los apoyos?  ¿¿Cómo vas a conseguir la lana??  Y yo responderé: No sé.  Pero sucederá.  Ahora es el momento.